En los bosques de las Ardenas belgas vivimos este fin de semana una nueva cita con la historia. Regados por las aguas rojas de Eau Rouge, los árboles centenarios volvieron a contemplar nuevas escenas bélicas, siendo una reedición en el mundo del motor, de aquellos sangrientos días de las navidades de 1944-45.



Dejemos la épica para los bardos venideros, y centrémonos en la edición reciente del Gran Premio de Bélgica, donde tuvieron cabida diferentes batallas, unas más virulentas, otras más psicológicas y otras más teledirigidas desde los muros. Vayamos por partes.

1. El tiempo:
En Spa uno nunca puede renunciar al paraguas. Y aunque las previsiones de lluvia eran muy bajas, siempre se alberga la esperanza de que cuatro gotas alegren un poco la carrera.
Algo que pudo ser y al final no fue.

2. La ofensiva alemana: 
Tras el safety car, el panorama bélico era envidiable: un Hamilton con ruedas amarillas (blando) encabezaba la carrera. Detrás, el rubito alemán con moradas (ultrablando) prometía no dar tregua al británico. Desde el pitstop, 14 últimas vueltas para presenciar bonitos duelos por la victoria. Al final, Vettel sólo pudo intentar el adelantamiento en Kemmel en una ocasión. Hamilton supo administrar magistralmente su distancia con Vettel, de tal manera que obligaba al alemás a ir al límite con su Ferrari.
Un bonito duelo que pudo ser y no fue.

3. Batalla encarnizada:
Pero si algo fue realmente bélico el domingo, fueron las embestidas que ambos Force India se propinaron en la bajada hacia Eau Rouge en dos ocasiones diferentes.
En la primera, tras la salida y el paso por Le Source, Pérez se ve acorralado por Hulk, cerrando deliberadamente a Ocon provocando una colisión doble del monoplaza del francés tanto contra el suyo como contra el muro. Pudo haber sido muy grave. Culpa de Pérez que debió ser sancionado gravemente.


En la segunda, Pérez vuleve a cerrar a Ocon haciéndole besar el muro y provocando el reventón en el trasero derecho del mexicano. Una maniobra que debió acarrear una dura sanción en vista de la política llevada a cabo por los comisarios últimamente. Mal Pérez y mal la FIA.


Al final Force India se vuelve a casa con dos miserables puntos cuando podría haber cosechado fácilmente la decena.
Algo que podía haber sido, y no fue. Y no es la primera vez...

4. Abandonos con sabor a lágrimas:
Verstappen, ídolo real local, ya que Vandoorne no está en condiciones de demostrar su valía, abandonaba amargamente cuando su motor Renault decía basta. Como dato, cabe destacar que el holandés ha acabado el 50% de las carreras disputadas. En el resto, no bajó de P5. Un lastre de cara a su reivindicación como estrella del futuro.

Alonso, por su parte, llevó su McLaren a garajes alegando pérdida de potencia en su motor cuando transitaba P12 o P13 sin opción alguna a los puntos. Su clasificación y su salida fueron magistrales, pero su P7 no era sino un espejismo de la posición real que el motor Honda iba a permitir. Hulkenberg, Pérez, etc... fueron adelantando sin dificultad al asturiano en las largas rectas de Spa. Por radio declaró: "¡Es una vergüenza!" El cabreo de Alonso se sentía fácilmente en la retransmisión.

En mi opinión, Alonso se retiró voluntariamente. No le defiendo, porque creo que un piloto siempre debe dar el máximo, aunque sea luchar por un P13; pero creo que a Fernando le quedan pocas balas en su batalla contra Honda y con McLaren. En Spa-Francorchamps vació medio cargador.
Al final, lo que podría haber sido una bonita tarde de remontada veraniega, se quedo en una deslucida retirada a destiempo.


En conclusión, me despido de la carrera de Bélgica con cierto sabor amargo porque la carrera tenía muchos ingredientes para brindarnos un buen espectáculo: Verstappen como ídolo local, Alonso séptimo, Sáinz remontando, Vettel con mejores neumáticos que Hamilton, la posibilidad de la lluvia...

Pudo ser una carrera maravillosa, pero al final no lo fue.


En otros blogs:

Buscar en este blog

Artículos más leídos

El Alonsista crítico ©. Con la tecnología de Blogger.