Cada vez estoy más convencido de que cuanto más tiempo llevo siguiendo la Fórmula 1, más se me escapa. Me siento como un extraterrestre recién aterrizado en un planeta ignoto.
Resulta que hay un piloto que todo el mundo dice que es el mejor.
Resulta que ese piloto lleva dos años y medio intentando brillar cuando su coche le deja competir, que normalmente sucede una de cada tres carreras; ya que, bien por abandonos, bien por sanciones y política conservadora, no puede ser de otra manera.
Resulta que ese piloto declara que su objetivo es volver a estar en un coche ganador.
Resulta que ese piloto lleva dos años y medio echando sapos y culebras por la boca -con toda la razón del mundo- sobre el motor que impulsa su coche.
Resulta que su equipo, apoya a su piloto en las críticas y le defiende a capa y espada.
Resulta también que el piloto declara que ha recibido muchas ofertas y que siempre ha estado donde él quería.
Por favor, ¿hay alguien que entienda esto? Voy a intentar dar una explicación medianamente razonable a este galimatías.
Creo que desde hace ya unos cuantos años, a Alonso le importa muy poquito la opinión pública que genera su figura en determinados ambientes periodísticos. Como buena estrella que es, su alta seguridad en sí mismo le permite sacrificar su imagen pública en aras de conseguir lo que para él es prioritario. Quizás a veces haya sacrificado demasiado esa imagen.
Si nos quedamos con las innumerables quejas dentro y fuera del coche del asturiano, la imagen que obtendremos de él, es similar a la que podríamos obtener de Vettel: un niñato malcriado que berrinchea cada vez que las cosas no resultan a su real agrado. (Menudo ataque gratuito que he soltado...)
Sin embargo, hay otra cara, que se escenificó muy gráficamente en Hungaroring 2015. Un Alonso completamente comprometido con su equipo es capaz de empujar su coche a los garajes. Ese Alonso sigue existiendo. Un Alonso capaz de dar una imagen patética con tal de ayudar a su equipo. Creo que ese Alonso sigue existiendo. Lo lleva en lo más profundo de su ADN. El compromiso al 100% de su imagen, de su talento, de su vida con el motor.
Lo que estamos presenciando es una batalla, una batalla despiadada entre tres partes: McLaren, Honda y Alonso. Y no lo olvidemos, la parte más débil es la del piloto. Así que, Fernando tiene que echar mano de todo su arsenal para conseguir un buen botín de guerra. Y su botín todos sabemos cual es.
Aquí hay una parte que no está haciendo bien su trabajo y que está torpedeando domingo sí y domingo también el palmarés y la imagen de la segunda mejor escudería de la historia de la Fórmula 1 y dilapidando los mejores años de la carrera de Fernando Alonso en la Fórmula 1.
De momento ni McLaren, ni Alonso, han encontrado ningún arma capaz de contrarrestar ni el pastizal que pone Honda, ni otra alternativa satisfactoria. Y esas son las dos auténticas causas de esta batalla. Así que la guerra continuará...
Estoy bastante convencido de que Fernando abandonó voluntariamente en Spa, no como fruto de su berrinche, sino para meter presión a McLaren. Creo que no es la mejor decisión, como creo que tampoco son afortunadas las declaraciones de la radio "¡Es vergonzoso!", dijo el ovetense. Hace tiempo que lo sabemos, Fernando. Sin embargo, aunque no esté de acuerdo con las declaraciones, creo que a Fernando se le están acabando los cartuchos que tiene. Y el final de su vida en la Fórmula 1 está cerca.
Espero un desenlace feliz.
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